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37. Las habichuelas mágicas

15 min 32 s

Cuentos encantados 37. Las habichuelas mágicas Listo para escuchar
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Descripción del episodio

Un cuento querido por todos los niños, una preciosa historia sobre un niño y un ogro... Había una vez una pobre viuda que vivía en una pequeña cabaña, sola con su joven hijo Jack. Eran muy pobres y lo único que tenían era una vaca, aunque se trataba de la mejor vaca de toda la comarca, daba siempre buena leche fresca para ella y el muchacho. Un día la viuda se puso enferma y tuvo que reposar en la cama lo que le impedía poder trabajar en la huerta y poder traer alimentos a casa. Entonces, ella y Jack empezaron a pasar hambre y decidieron vender la vaca para sobrevivir. Un día en que había feria en el pueblo, Jack se ofreció a llevar la vaca al mercado para venderla. La viuda esperaba vivir varios meses con los víveres y las semillas que les darían a cambio del animal y dejó ir a su hijo. Jack salió temprano, pues la feria se encontraba lejos. En medio del camino, se encontró con un hombre extraño que quiso saber por qué iba el joven con una vaca atada y con tanta prisa. —Voy al mercado a vender la vaca para que mi madre y yo podamos sobrevivir con lo que nos den por ella. —Entonces, tengo una maravillosa propuesta para hacerte —le dijo el anciano mientras le mostraba algo que tenía en la palma de su mano Te cambio estas semillas de habichuelas por la vaca, son habichuelas mágicas, crecerán de la noche a la mañana y darán la planta de habichuelas más grande que hayas visto, con ella no pasarás más hambre ni te faltará nada. Jack se entusiasmó con la idea de la planta maravillosa y le aceptó el cambio. Cuando ya estaba atardeciendo Jack regresó a su casa. Su madre se sorprendió de que hubiera vuelto tan pronto, pero como no vio la vaca creyó que había podido venderla. Cuando Jack le contó que la había cambiado por las habichuelas se enfado mucho con el muchacho: — ¿Cómo te has dejado engañar por un desconocido?. ¿Te das cuenta de que ahora no tenemos nada?¡Ve a acostarte sin comer! —le gritó mientras tiraba las semillas de habichuela por la ventana. Jack se